Wolas. Antes de nada te aclaro que no es mi intención chafarte nada, ni tu blog, ni tus hábitos raros, ni nada, jejejeje. Me explico:
El título de mi cuarto día (ozú, ya van cuatro, cuando me parecía mentira incluso llegar a publicar el primero) viene al hilo de la visita que le hice ayer a mi sobrinito Daniel. Él es un niño que acaba de cumplir 8 añitos, que nació con parálisis cerebral motivado por una hidrocefalia. Para colmo, vino a este mundo con síndrome de abstinencia. A los 6 meses de su nacimiento, mi hermana mayor lo adoptó. Como podréis comprobar, lo llevaron a un centro de acogida donde mi hermana tuvo la suerte de dar con él, ya que previamente había acogido a varios niños de allí.
Pues bien, después de innumerables problemas (que no paso a relatar al necesitar todo el día para no dejarme nada atrás) ayer lo operaron de la cadera, ya que él no puede ni podrá caminar jamás, pero tiene una patología que le estaba provocando que se le giren los huesos y el tobillo se le estuviera saliendo de su sitio (literalmente). Al abrir la cadera comprobaron que tenía dañados los abductores o adductores, no se, pues mi hermana no me sabe precisar, así que le intervinieron, de paso, dichos músculos, para así evitar futuros problemas. Cuando fui a visitarlo estaba muy quejoso, pues el dolor tiene que ser bastante. Él sólo puede llorar, quejarse, pues no habla, no ve, no camina.
Si digo que es una suerte vivir aquí es porque se me saltan las lágrimas cuando pienso en la vida que le ha tocado vivir al pobre Dani, pues casi cada año de su vida ha pasado y semanas hospitalizado. Creo que él tuvo la suerte de dar con mi hermana y su familia, pues nunca se sabrá qué vida pudo llevar de no haber sido acogido por una familia que le ha dado y le da todo el cariño del mundo. Esas lágrimas son de tristeza al ver la impotencia del chiquillo para afrontar sus dolencias. A veces son de alegría porque no os podéis imaginar la sonrisa que esboza cuando siente cerca a alguien que lo quiere, cuando siente el susurro cerca de su oído, cuando le acaricias la cara, las piernas, cuando siente el amor que se tiene por él.
En esta vida hay muchos motivos para alegrarse de poder vivirla, más o menos materialistas, más o menos idealistas. Pero, ¿hay algo más bonito que vivir rodeado de amor y de personas que te quieren?
Otro día más