Tras dos días en que los dolores han formado parte de mi día a día y tras la vuelta al trabajo parece que todo vuelve a la normalidad. Se han acabado los nervios, ya puedo caminar como una persona normal, subir y bajar escaleras sin parecer un robot en medio del desierto. Ahora toca reposar, recobrar energías y cargarse nuevamente las pilas para pensar en próximos objetivos.

En el trabajo todos me han preguntado por mi carrera, lo cual te congratula pues sientes que hay gente en tu entorno que te ¿comprende? y te apoya, aunque sé a ciencia cierta que también piensan que estoy ido de la perola.

Estos días en el trabajo se presentan tranquilos. No porque no haya tareas que hacer, sino porque la jefa está de vacaciones y eso ayuda a que todo se haga más sosegadamente, a que no escuchemos sus contínuos gritos y malos humos, sin contar con que sigue fumando en su despacho, saltándose a la torera la Ley 28/2005. Y claro, ¿quién le va a decir algo si hasta el Concejal de Recursos Humanos fuma en su despacho? En fin, historias para dormir menos que la protagonista de Polstergeist...

En estos días sin entrenar trataré de adelantar cosillas en casa que tengo pendientes, que me cuestan un mundo pero que no queda más remedio que afrontar. También intentáré dar algún paseíto en bici, hacer estiramientos, etc.