Esta mañana muchos corredores populares, y otros no tan populares, han participado en la VIII edición de la Medio Maratón Álora-Valle del Sol. Es una prueba dura, sobre todo por situarse su final en el pueblo, ubicado sobre una especie de colina que hace que los últimos kms. sean en contínua subida. Yo más o menos me he jurado no correr esa prueba por su dureza, aunque puede que cambie de opinión. Ahora bien, habría de mentalizarme para salir sólo a rodar y olvidarme del cronómetro, pues ahí no tengo nada que hacer. El pueblo es bonito. Según el compi Ricardo, el recorrido es atractivo. Hay buenos regalos. Y Álora me trae muy buenos recuerdos. En mi otra época como corredor, allá por 1987-88, cuando tenía 13-14 añitos, disputamos un cross de los Juegos Provinciales que gané. No habría tenido nada de especial esa victoria sino fuera porque les gané a dos de mis máximos rivales en aquella época. Sí, rivales. Ahora mi único rival soy yo mismo, el tiempo, el cronómetro. Antes tenía varios, pues nos disputábamos una plaza para el Campeonato de Andalucía, para el Cross de Itálica, para ser el mejor del equipo o el campeón provincial. Aquella prueba me dejó un gran sabor de boca por la razón antes comentada y por haber triunfado en un circuito plagado de cuestas, lleno de barro y que acababa en la puerta de una pequeña iglesia. Lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo que cuando iba en el autobús iba escuchando, para asombro de mis amigos-compañeros, la música de la cante Ofra Haza (sí, con 13-14 añitos), que me cautivó en aquellos años y que aún sigue haciéndolo de vez en cuando, aunque haya tristemente fallecido hace no mucho tiempo. Ese triunfo fue el comienzo de una temporada bastante positiva y prometedora.
Años más tarde, y ya como corredor ciclista (las vueltas que da la vida), participé en una prueba cicloturista que acababa en pleno centro del pueblo. Como ocurría en aquella época, pruebas que en teoría era una excursión, un divertimento, se acabó subiendo al pueblo a toda pastilla, en plan Tour de Francia o algo parecido. Yo, que ingénuamente pensaba que darían algún premio o algo parecido, dí todo lo que tenía dentro para acabar primero, y lo conseguí. Mi premio fue consolarme pensando que estaba bastante fuerte y que subí como una moto, casi todo el tiempo con el plato grande.
Un par de años después, y ya en una competición seria, con corredores semiprofesionales, disputé una carrera bajo la lluvia que se convirtió en una de las más duras que jamás he acabado. No por la orografía, pues tan sólo se subía el puerto de Alozaina, sino por las condiciones meteorológicas y las caídas. Sí, las caídas. La primera fue junto con la mayor parte del pelotón, a menos de 20 kms de la salida. Te levantas, arreglas la bici como puedes y sigues como un poseso para pillar a los que van delante. Al pasar por Coín un pinchazo me obliga a cambiar la rueda delantera y a descolgarme de un grupo majo en el que iba muy bien. En la bajada de Guaro hacia Tolox, bajando en busca de los de delante, en una curva a la izquierda, se me desliza la rueda delantera y me pego otra castaña, estando el coche que me seguía a punto de atropellarme al no poder frenar. Cuando me reincorporé, unos kms. más adelante, al pensar en el día que estaba teniendo, se me saltaban las lágrimas. ¿De dolor, de impotencia, de sufrimiento? No sabría contestar, pero es que no sabía qué más me podía pasar. Subo hasta Alozaina adelantando corredores hasta que me uno a un chaval cordobés con quien acabo el resto de la prueba. Destrozado, acabé en la posición 16º, con todo el cuerpo dolorido, chorreando. Satisfacción. Rabia. No sabía discernir los sentimientos que acontecían en mi interior.
Mi relación de amor y odio con este pueblo acabó, por ahora, en 1996. Se disputaba una prueba que salía de Málaga, que llegaba a Árdales pasando por Álora y volvía nuevamente a Málaga. Yo había estado un año medio en blanco por una lesión que posteriormente me obligó a dejar el ciclismo. Era mi primera prueba de la temporada, ya en junio. Mi obligación era trabajar para un chaval recien fichado por el equipo, que tenía muy buen palmarés. Así que tocó controlar al pelotón, intentar que nadie se escapara y pudiera poner en peligro el triunfo. Lo iba consiguiendo hasta que casi se me sale la rueda trasera al engancharme con la bici de otro corredor. Me paro, lo arreglo y a reincorporame. Me pongo en cabeza y pedaleo lo más rápido posible para que fuera difícil que la gente intentara escapadas. Lo iba haciendo bien. Llega la subida a Álora. Me acordé de mis anteriores visitas. Puse un ritmo endiablado hasta que no pude más y el pelotón me dejó atrás como a un apestado. Cosa normal, esa era mi misión. Ahora, a llegar a meta sano y salvo y se acabó. Pues no. Como no tenían más ruedas de repuesto, me obligaron a retirarme para poder utilizar la mía en caso de pinchazo de mi compañero. No, no pinchó, pero ganó la prueba. Motivo de alegría, de veras. 8 años después me encontré con ese compañero en Sierra Nevada, se había hecho monitor de esquí. Cosas de la vida. Iba para profesional del ciclismo.
Algún otro día volveré a Álora. No olvidaré todos estos momentos. Ni muchos otros tampoco.
P.D. He visto en la clasificación que el compañero Ricardo ha acabado la prueba el 158º con un tiempo de 1h41´04´´. Simplemente es de otra pasta. Y el domingo pasado acabó el Maratón de Sevilla. Y yo de descanso. Ayyyyyyyyyyyyyyyyyy. Enhorabuena Ricardo.
Un saludo. Feliz Domingo. Feliz semana
Álora
5 mar 06 Autor: Jesús Francisco2 comentarios
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Xiowa
5 mar 2006 | 06:27 PM
Dicen que el pasado está ahí para aprender de él... Yo no quiero entrar en polémicas, pero no puedo negar que me encanta echar la vista atrás y recordar, con sensación agridulce, cosas que fueron y que ya nunca más serán...
Pedazo de currículum que tiene ud, caballero... Boquiabierta me he quedao o_0
¡¡FELICIDADES!!
Besotes!!
Franfri-Perseo
5 mar 2006 | 08:09 PM
Hombre, el pasado no es conveniente olvidarlo, pues se puede aprender tanto de lo bueno como de lo malo. Aunque haya que mirar adelante, no está de mal mirar atrás de vez en cuando. Puede servir para ver el horizonte más claro, más cerca, más alcanzable, más llevadero.
Besotes, amiga. Qué suerte vivir aquí, ahí, allá, al otro lado...Qué suerte tener gente que oye, que te habla, a quien ver, a quien contemplar, que te ayude a contemplar las cosas lindas de la vida, las feas del día a día para tratar de cambiarlas o para hacer, al menos, lo posible por conseguirlo.