Finalmente el sol va despuntando, la luz vuelve a brillar, los pajarillos a cantar, mi cuerpecito a volar. Como siempre echamos balones fuera, le echaré la culpa al cambio de estación, tal vez me haya entrado un ejército de polen en mi única neurona y se me ha aturullado, tal vez; quizá haya sido el hecho de no estar haciendo deporte desde hace 3 semanas, como no quemo adrenalina ni me atormento mientras corro, lo hago en casa y se me hace la pisha un lío, quizá; puede que sea porque se me ha bajado la bilirrubina (ah, no, que la función de la bilirrubina no es tal, bueno, lo retiro), puede; igual se puede deber a que el calorcillo me va derritiendo paulatina y progresivamente esa famosa neurona, igual. No es que esa famosa neuorona sea famosa porque ha sido capaz de escribir un libro o protagonizar una película o porque ha salido en el Diario de Patricia, no, no es por eso. Es famosa porque al ser ella solita, como hija única, pues tiene mucha repercusión.

Aparte de todo ello, y a pesar de considerar que no soy una persona adicta al café ni muy aficionado a la cafeína, pues tomo un par o tres de ellos a la semana y a las siete y media de la mañana, pero voy a dejarlo. He podido constatar que me altera mucho, me siento más irascible (¿se dice así? ¿está utilizada la palabra en el contexto apropiado?), y no me gusta sentirme así, me gusta dar lo mejor de mí en cada momento.

Dicen que la música amansa a las fieras. No es que yo me sienta una fiera, no, en absoluto, aunque a veces pueda parecer un leoncito cuando se me escapa, de forma involutaria y muuuuuuyyyyyy raramente, algún ronquido mientras duermo. Y si no soy una fiera la música sí que consigue bajarme los humos, dejarme la chimenea impoluta, cual local de restauración acatando la Ley 25/2005 de medidas contra el tabaquismo.

Estoy divagando demasiado. Supongo que es bueno. O no. Puede que sea mala señal. O no.

Salud y buen día