No voy a mirar para cerciorarme de la fecha, pero ahora hace aproximadamente dos meses desde que aterricé en este mundo de los blogs, los diarios cibernéticos, las páginas personales. Lo hice motivado por algunos compañeros de correrías, pues soy un asiduo lector de más de uno de ellos. Hice muchos intentos en diversos servidores. Todos me daban problemas, los amig@s me daban consejos, ideas, me mostraban caminos a seguir. Yo me iba desesperando, pero no me iba a dejar vencer por la tecnología ni dejarme cegar por mi ignorancia. Finalmente lo conseguí. Relataba mis entrenamientos, mis inquitudes, mis ilusiones, mis desilusiones. Posteriormente lo mezclé con temas varios, y en ello estoy. En este tiempo he conocido decenas de diarios y páginas personales. Casi todos me gustan, muchos de ellos me encantan. Los llego a necesitar, deseando que los actualicen para conocer, para ESCUCHAR, para ver a través de su ventanita el complejo mundo interior y exterior de esas personas, amigos, amigas, gente a la que aprecio y a la que siempre le deseo lo mejor.

Durante la lectura de muchos de ellos te das cuenta de cómo son (o como somos), de cómo se muestran. Nos abrimos a los demás, dejando ver cierta desnudez sin pudor alguno, sin temor a que los demás opinen, den consejo, te animen, te desanimen o simplemente para que te escuchen. Así de simple, o así de complejo.

Cuando no tengo tiempo de escribir o no tengo nada interesante que contar siento agobio, necesidad de abrirme, pero no me sale. Pienso, bueno, mañana será otro día. El sol saldrá, ya sea por Antequera, ya por Porriño. Siempre sale. Y si no sale en nosotros está ver su luz, sentir su calor; y si no está en nosotros, nos queda luchar, perseverar, poner todo de nuestra parte para que la vida sea un espacio donde vivir, un lugar donde gozar, donde experimentar lo que es sentirse vivo.

Y en ello estamos. Un día sí y otro también. Gracias