Muchas veces nos cuesta trabajo expresar nuestros sentimientos hacia las personas que nos rodean. Da igual qué tipo de sentimientos sean, de amor, de odio, de ira, de simpatía, de antipatía, de lo que sea. Ego confieso que me pasa lo mismo. En muy raras ocaciones les he podido decir a mis padres que los quiero, a mis hermanas que las quiero, a mis abuelo que los quiero. Se lo he dicho, sí, pero no tan a menudo como debería. También he de confesar que jamás les he dicho que los odio, pues nunca he tenido ese sentimiento con nadie, y mucho menos con ellos, por mucho que me haya podido pelear con mis hermanas sobre todo.

Sin embargo, cada vez que surgía la posibilidad, por un cumpleaños, un aniversario, alguna celebración, sí que me esmeraba para escribirles algo bonito, incluso leyendo delante de toda la familia (no veas la cantidad de lágrimas que se derramaban, que hasta me costaba seguir leyendo al tener el pecho compungío-¿se dice azín?). Aprovechando para felicitar por un matrimonio, por las bodas de plata de mis padres, por sus cumpleaños, por un aniversario, siempre daba rienda suelta a mis sentimientos para que supieran de primera mano que les quiero.

Yo se que mi madre no lee este blog, ni siquiera tiene internet en casa. Yo no le voy a decir que escribo este blog. Yo no le voy a transmitir lo que aquí estoy diciendo, al menos directamente.

Lo que sí quiero es, aprovechando que el próximo 7 de mayo se celebra el Día de la Madre, volver a recalcar, sobre todo, el agradecimiento que le tengo. Por ser mi madre y por ser la madre que es. Yo tengo cualidades buenas y no tan buenas, virtudes y defectos. Pero me alegra reflexionar y llegar a la conclusión de que mucho de lo que llevo dentro se lo debo a ella, tanto lo bueno como lo no tan bueno, que eso es lo de menos. Día a día, tanto cuando vivía con ellos como cuando salí del caparazón, me ha transmitido una serie de valores que me hacen sentirme afortunado de poder contar con ella, y pensar que sería una persona bien diferente de no haber sido así. Ella es todo corazón, ella se desvivió, se desvive y se desvivirá por todas aquellas personas que la rodeamos. De sobra sé que si no fuera por sus 4 hijos, ahora su vida sería bien distinta, puede que incluso viviera más cerca del Mar del Norte que del Mare Nostrum.

Y quiero aprovechar este rinconcito mio para darle las gracias por todo lo que me ha aportado, por ser lo que soy, por haberme dado las alas para sobrevolar el mundo, acariciar las nubes, para distinguir lo bueno de la maldad, para ofrecer mi corazón como quien ofrece un sorbo de una cerveza bien fresca a aquel que cruza el desierto.

Y, por supuesto, no voy a cerrar esta ventana sin decirle: Mamá, te quiero mucho. Eres un ser tan especial para mí que me siento especial por el simple hecho de ser tu hijo. Por eso, me gusta hacerte sentir especial cuando tengo oportunidad, porque lo eres, y siempre lo serás.

Un abrazo muuuuuyyyyyyy grande para tí, en tu día, en el de mañana, en el de ayer, en los 365 días del año.

Te quiero, mamita.

P.D. Gracias por cuidar de Boris durante estos días.