Hay mucha gente que se las hace, y no me refiero sólo a los hombres, ni a las mujeres, ni a los niños, ni a las niñas, ni a ninguna institución en particular. Habrá decenas, centenas...

Todo esto viene al hilo del recuerdo que se me ha venido a la cabecita al respecto de una especie de leyenda urbana que circulaba por la sociedad que nos rodeaba hace unos veinte años. Por aquella época yo era un preadolescente que vivía en una especie de primavera permanente. Ya sabéis, dicen que "la primavera la sangre altera". Pues en esos años uno está como con la sangre alterada día sí y día también. Vas descubriendo la sexualidad, vas haciendo los primeros pinitos, nunca mejor dicho, con las chicas, ves las primeras pelis porno, las primeras revistillas. Vamos, que estabas todo el día desatado, a no ser que camparas por esas calles tocando en las puertas de los vecinos, jugando a algunas burradas, con la bicicleta, corriendo, en la tierra, en el barro, por el campo (ayyy, qué tiempos, por dios). Sin necesidad de que nadie te explique aprendes el procedimiento ese que se parece a descorchar una botella de champán pero que lo haces con tu pene. Lo agitas, lo agitas y agitas hasta que salen las burbujas. Qué sensación más extraña la primera vez, madre mía. Y, claro, no se te ocurre preguntarle a tus padres si eso es normal o tienes que ir al médico a ver a qué se debe eso. A raíz de eso, vas escuchando comentarios, amenazas, consejos, que te dicen que "hacerse pajas" (no se si los jovenzuelos de hoy día lo llaman todavía así o no) es malo. A saber, contraindicaciones:
- Te quedabas ciego.
- No crecías, te quedabas enano.
- Se te caía el pelo.
- Te hacía brotar las espinillas (qué acné ni qué leches, no sabíamos qué era eso, pero sí los productos de la marca ACME).
- Te salían callos, ampollas, en las manos.
- Te quedabas seco.

Seguramente olvide alguna más, pero con toda seguridad eran éstas las más comunes consecuencias de algo tan, tan, placentero como era masturbarse. Claro, si había algún amigo o compañero que era más bajito de lo habitual, ya se pueden imaginar: "es un pajillero"; si llegabas a la piscina municipal con varias espinillas blancas que no tenías el día anterior: "¿qué? no veas cómo te has puesto antes de venir ...; si tenías gafas, tres cuartos de lo mismo. No se por qué, pero parecía que todos teníamos remordimientos, nadie reconocía que estaba todo el día dándole al manguito. Ahora bien, si alquilabas una peli en grupo porque así era más barato, compinchando a alguno más mayorcillo para que te la dieran en el video club, resulta que la veías con 7 u 8 tíos y nada más que veías una mano con su brazo por persona, ya que la otra mano estaba descorchando el champán. Y venga paseos para el baño. La casa de mi hermana parecía un picadero, pero sin tías, la virgen santa. Toma ya, y luego nadie se masturbaba.

A todo esto, que me estoy haciendo una ensaladilla o paja mental, ¿cuál sería el origen de todos esos males? ¿Dónde estaría escrita ese mandamiento de "No te harás pajas"? ¿Habremos topao nuevamente con la Iglesia?

Upssss, acabo de sentir que me ha salido un granito en la frente.............