Desnonozco a ciencia cierta por qué, pero por supuesto que no todos los días son iguales. Seguramente el secreto esté en las horas de sueño, en la penumbra de la habitación, en lo profundo de nuestro subconsciente. Yo creo que todos tenemos días en que, nada más levantarnos, percibimos algo. Negativo o positivo, pero algo. Es como si algo no fuese bien o, por el contrario, todo está a pedir de boca. Con los primeros rayos de luz sientes, presientes, que es un día especial o que va a ser una kaka de día. ¿Será que nuestra alma ha llevado a cabo ciertas fechorías durantes las horas oníricas? ¿Será que se ha portado bien y los angelitos nos han otorgado el presente de poder gozar de un día radiante? Sea como fuere, o nos levantamos con el pie derecho o con el izquierdo. O con los dos. O, algunos hombres, o muchos, con los tres, jejeje. En función de esta circunstancia todo sale bien o no. Pero sí que es cierto que cuando tenemos la sensación de que el día es super (como decían ¿o dicen aún? las revistas para adolescentes que leían mis hermanas hace 15 años todo es distinto: somos más simpáticos, todo es más guay, mostramos nuestra mejor sonrisa o, simmplemente, mostramos la sonrisa en lugar de los dientes, los cuchillo, el ogro malvado. Se nota, se siente, se palpa en el ambiente. Hay cierta predisposición a la generosidad, a darse a los demás, a afrontar cada momento desde una perspectiva positiva, alegre, jovial.
El problema viene cuando no es así, cuando, tal y como decía ¿o dicen? las revistas aludidas, tenemos un día pedo, un día oscuro, nublado espiritualmente hablando. Nos mostramos uraños, rabiosos, celosos, asquerosamente zaboríos (¿o es desaboridos?). Puede haber un problema como germen de dicha actitud. Puede ser que tan sólo sea haber pasado una mala noche. Pero qué carajo. Nosotros pensamos que no podemos cambiar el mundo, que sí que podemos, cada uno a su manera, pero sin duda sí que podemos cambiar nosotros mismos, nuestra actitud, el ambiente que nos rodea. Al menos para que nuestros cohabitantes vean una sonrisa antes que un pedo en mitad de nuestra cara.
Tal vez sea por hacerme dentro de poco un pelín más mayor, más viejo, pero me atrevo a ubicarme en el primero de los casos, en el de los días súper. No es por haber dormido bien, pues no ha sido así. Eso me importa cuatro cominos, lo único que me importa es que me siento bien y así trato de reflejárselo a los que tengo delante. Y que me quiten lo bailao, que viva la pepa, y arriba la madre que me parió.

Feliz fin de semana a todos, todos, a todas, todas.
Amenazo con escribir otro post. Doy Fe