Echando un poco la vista atrás, a las entradas escritas y compartidas con tod@s vosotr@s con cariño y alegría, puedo llegar a pensar que tengo algo personal contra la Iglesia, pero nada más lejos de la realidad, ya que tan sólo he tratado de dejar constancia de una serie de hechos, circunstancias, curiosidades, que me dejan sin palabras o que me sacan un poco de mis casillas.

Hace un par de semanas tuve la enorme suerte de visitar la maravillosa y fantástica ciudad de Granada. Fueron sólo dos días, pero merece la pena, incluso si sólo es para percibir el ambiente, para palpar lo que por allí se cuece. Siempre he pensado que Granada es una ciudad especial, de lo mejorcito que hay en mi tierra, Andalucía, junto con muchos otros lugares, por supuesto. Es una ciudad que reúne muchos requisitos para todo tipo de viajer@s. Lugares bellos, rincones gastronómicos de primer orden, aromas, regalos para la vista, esa Alhambra que quita "er sentío", esas callejuelas que te invitan a perderte, a desaparecer para retornar a través de un maravilloso carmen. Se denomina así a las construcciones típicas granadinas, normalmente ubicadas en un lugar con desnivel que cuenta con una vivienda rodeada de jardines repleto de colores, de olores de sus inigualables flores, con canalizaciones para el agua a través de los jardines. Son fabulosos.

Hay oportunidad para visitar lugares arquitectónicos de primer orden, como la citada Alhambra, el Generalife, la Catedral, el Albaycín en su conjunto, el Sacromonte y sus cuevas.

Su gente está impregnada por el don de la ciudad, te lo transmiten, te embruja. Has de volver una vez que la conoces.

Antes de que se me vaya la olla a San Millán de la Cogolla (¿veis como es verdad lo que os digo?, hablo de Granada y me trastorno), me ciño a lo que me ha traído hasta aquí, motivado por mi asistencia en el día de ayer a un Primera Comunión.

En ese viaje a Granada, visitando su Catedral, junto a la cual está la Capilla Real, donde supuestamente reposan los restos de los Reyes ¿Católicos?, entramos un poco antes de que comenzara una de las misas del domingo, la del mediodía. Yo, a pesar de mi patente ira contínua para con la Iglesia, soy muy respetuoso en los lugares sagrados. Siempre voy calladito, observando, contemplando, asombrado. Si no se pueden tomar fotos, no se toman, no hablo y si lo hago es lo más bajito posible. Ese día me disponía a sentarme un ratín allí dentro para contemplar tanta majestuosidad. La parte delantera estaba repleta de gente, el órgano estaba comenzando a sonar. Había más gente en mi misma situación, alguno más escandaloso de la cuenta, muy mal. De repente vienen dos guardas jurados, cada uno por un extremo, echando a la gente que no se vaya a quedar a oir la misa. Yo era uno de ellos, no tenía intención de oirla ni de verla. Por supuesto, no iba a discutir con el pobre chaval, que si le dicen que expulse a Cristo, el tío lo baja de la Cruz y lo saca en volandas, así que con cara de sorpresa, como la de varios de los visitantes, me giro y me doy la vuelta, blasfemando para mis adentros como el que más. Pasmaíto me quedé.

Señores de la triste figura, acaso cualquier persona, sea cristiana o no, sea budista, musulmán, bautista, mormón, o sea más ateo que Pepe Leches, ¿no tiene derecho a estar en la casa del Señor? ¿Está bonito eso de tener a dos tipos uniformados, con pistolas, más zaboríos que la paella de un hospital? Para mí, no. No creo que al de allá arriba le guste mucho esa escena, como muchas otras. Se me ocurre, por ejemplo, la del cepillo, esa en que se pasean varias personas, normalmente señoras, con un cestillo de mimbre por toda la iglesia, te lo colocan bajo las narices (como vayas resfriado, ya van a ver) reclamando en silencio donativos. No se, tampoco me gusta eso de ver circular el dinero, algo tan superficial y material, en la casa del Señor. Y las monedas, al caer, esas sí que hacen ruído.

No se, no se, son muchas cosas, demasiadas.

Como a mí estas cosas me dan hambre, aprovecho para invitaros a un rico platito, que es hora de merendar.

Un saludo y buena tarde tengan Vds. Con permiso.