13 de junio de 1982. Esa tarde se celebra el partido inaugural del Campeonato mundial de Fútbol. Se juega en España. Antes, por la mañana, Franfri tiene una cita. Juega su equipo de benjamines en Fuengirola. Mijas dista de ese pueblo 8 kms. Quedan donde siempre para ir en el coche del entrenador, un Renault 4 con matrícula MA-1234-A de color azul. Están acostumbrados a viajar 8-9 niños en el coche, además del conductor.

Sorpresa. Ese día no puede viajar. Sólo pueden ir los niños que jugarán el partido. Además, no caben más en el coche. Franfri mira cara a cara a Francisco, "el pilili". Bueno, pues nos vamos andando. lili, ¿tú sabes dónde está el campo? Claro, tio, venga vamos. El partido se jugaba en el Campo Suel. Franfri sabía dónde estaba, pero me tenían que llevar. Aún no tenía carné de conducir, claro. Y siempre que había ido lo había hecho en autobús o en coche, pero de otra persona, pues a su padre aún le faltaban 5 años para sacarse el carné.

Venga, ahí van. El pilili y el Franfri (el agui por aquel entonces) camino de Fuengirola. Por el arcén, con cuidadito que vienen coches, y autobuses, y camiones. Uno detrás de otro, casi siempre el lili por delante, para eso es mayor, tenía 10 años. Quillo, ¿falta mucho?, le pregunta. Que va, que va, un par de curvas y llegamos, cuando veamos las pistas de tenis, ahí es.

Pista de tenis, pista de tenis. Franfri no estaba ciego, pero tampoco las veía. Los conductores se quedaban asombrados. No se ven todos los días a dos mikokos andando solos junto a la carretera. Nos ve gente conocida, algunos familiares más o menos lejanos. En el pueblo se conocen todos, claro. Pero ellos siguen y siguen. No se cansaban, pero el pequeñajo sí que se extrañaba de no llegar nunca a los campos de tenis, eran como un oasis en el desierto.

Algunos tocan el claxon al cruzarse. Los dos Francisco a lo suyo. El pilili se cansa, se harta, se mosquea, que le dice a su compañero de fatigas: mejor vamos a la casa de mi tía y nos volvemos. Está cerquita, venga. Pasaría unos 4 kilómetros más. Más de lo mismo. Por aquel entonces no había muchas casas, por lo que la angustia era más grande aun. Mira, por ahí es. Enfilan unas cuantas calles. Callejón sin salida. Toc, toc. Quién es? Tita, soy yoooo, Francisco, contestó El pilili. Hola, hijo, ¿cómo estás? ¿y tus padres? Tras unas cuantas frases más, media vuelta. Ya han dejado el partido por imposible. Ahora sí que la hemos hecho. Venga, ahora 8 kilómetros cuesta arriba. Mijas está a 425 metros sobre el nivel del mar y Fuengirola está al nivel del Mare Nostrum. Me cago en tó. Alaaaa, p´rriba.

A mitad de camino se para un taxi. Ahhh, mira quién es. Es "el vasco", un señor taxista que lleva varios años viviendo en Mijas con su familia. Los conoce del pueblo. "Chiquillos, adónde vais? que os he visto varias veces al pasar con el coche ... Pues vamos para Mijas. Venga, subiros. Preguntas y más preguntas. Franfri piensa: ¿habremos hecho algo malo? Bueno, ya veremos. Hablan del mundial, de la selección española. Por cierto, el hijo mayor del taxista se parece enormemente a Arconada, el portero donostiarra de la selección.

Ambos perlas se bajan en el centro del pueblo. Los padres de Franfri comen ese día en casa de la abuela Juana, como a menudo por aquellos días. Entra a la casa. Caras compungidas, gestos tensos, ojos preocupados. La madre del Franfri: ¿dónde te has metíooooo? Zassssss. Le suelta un hostión en la cara de padre y muy señor mio. El Franfri sabe por qué. He ahí la respuesta a su pregunta en el taxi. Mamá comenta que mucha gente nos ha visto caminando solos por la carretera de Fuengirola, ¿que adónde íbamos? Ella sabía que ese día había partido, pero en teoría se acudía en el coche de Pepe Er Zapatero, que así se llama el entrenador. Claro, le quiere echar las culpas al míster, pero Franfri le explica.

Un abrazo y un arrumaco y todos se tranquilizan. Venga, a comer, anda.

Qué buenos estaban los fideos. Que hambre, que sed.

A pesar de todo, el recuerdo que queda es positivo, lo cuento y siempre permanece la sonrisa en mi cara. Menos mal que no pasó nada, claro. Pero bueno, cosas de niños. No jugué al fútbol, pero anda, anduve un rato.

Y como ya dije en su día que la música amansa a las fieras os dejo a Sarah Connor, con amor - "From Sarah with Love"