En estos días se llevan a cabo en toda España, comenzando por el Pais Vasco, una serie de exámenes conocidos como Selectividad, un proceso encaminado a restringir el acceso a la Universidad de todos aquellos alumnos que acaban sus estudios de secundaria y optan por conseguir una plaza en la carrera deseada y en la Universidad escogida.

Yo la hice en 1992. La volví a repetir en 1993. No la suspendí, aunque sí que la aprobé por los pelos (por aquel entonces tenía bastantes más que ahora). En el primer año obtuve un 4,95, nota con la que pasaba el corte, pero que casi no me daba opción a las carreras más interesante. Yo quería estudiar la Licenciatura en Educación Física. Chungo. Mi nota de BUP y COU era de 7,25 de media, así que con la kaka de nota de selectividad pocas opciones iba a tener. Aún así, pensé en prepararme las pruebas físicas para acceder a dichos estudios en la Universidad de Granada, ya que en Málaga no se ofertaba, ni se hace en la actualidad.

Durante ese verano, desde hacía varios, yo entrenaba todos los días en bicicleta, pues participaba en competiciones federadas. Tenía que compaginar la bici con la preparación. Era difícil, así que opté por dejar la preparación para INEF al final, en las últimas semanas. Había que nadar, correr, saltar, ejecutar ejercicios de habilidad, de agilidad. Complejo. Me decían que me iba a costar mucho. Carajo, me estoy enrrollando mucho. Pues eso, que al final superé las pruebas físicas también, pero que la media no me alcanzaba. No había elegido ninguna otra opción, así que no podría estudiar nada más. La única salida era volver a hacer COU por libre y presentarme nuevamente a la Selectividad. Hablé con los profesores y no me pusieron pega alguna. Muchos de ellos me ponían de ejemplo para martirizar a los pobres estudiantes de lo duro que era, de la necesidad de achuchar desde el principio para conseguir el fin deseado, la carrera de tus sueños, vamos, la panacea.

Desde luego que yo me acordaba de lo que te atormentan con la Selectividad. Desde septiembre ya te están bombardeando. No hay día que no te metan y remetan de la necesidad de estudiar día a día, que la Selectividad es muy importante, es la oportunidad de vuestra vida. Que leches.

Había algunas asignaturas que se me atragantaban, como la Filosofía. Incluso, llegué a COU con las matemáticas de 2º pendientes, que aprobé por los pelos. Claro, tanto pelo, tanto pelo, que así estoy. Se me atragantaban los filósofos, desde los Presocráticos a Hume, pasando por toda la trupe. Pero bueno, ese segundo año se me daba mejor que el primero. Me iba presentando a casi todos los exámenes y los resultados no eran malos. Me alentaban.

Cuando llegó la Selectividad, la afronté mucho más tranquilo que el año anterior, sin nervios, confiado en mis posibilidades, enchochaíllo de una compi, pero bueno, jejejeje. Todo iba saliendo a pedir de boca, cuando me toca el examen de Filosofía. Había dos opciones: Hume o Nietzsche. La leche, mi mare. Te persignas, rezas, miras al techo, al suelo. De Hume sabía algo, de Nieszsche no tenía ni papa. Su texto versaba sobre el tema de "Dios ha muerto". No había estudiado nada de él, pensaba que no caería. Ozú, virgen santa. Claro, la virgen con N. no se casa, pero bueno: Franfri se tiró a la piscina. Me gustaría rescatar ese examen, pues cuando fui a mi instituto a ver las notas y me dicen que he sacado un sobresaliente en Filosofía no me lo creía. Era imposible. Vamos, que me entraron ganas de que me revisaran el examen, jejejeje, pero qué carajo, sería porque lo hice bien, no? Pues claro.

Finalmente, la nota media fue de 7,10. Y, claro, se iba a preparar las pruebas físicas Rita "la cantaora", que yo no dejaba mi bici ni loco. Las opciones fueron: Historia, Magisterio, Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas. En el primer corte tan sólo optaba a Historia y a Magisterio, pero en Antequera, con las monjas. Papá, mamá, ¿qué jago? Hijo, ha lo que tú quiera, es tu futuro, tú decides. Historia? Buff, no me veo yo dando clases de Historia, y mira que me gusta. Venga, papá, vamos para Antequera. A toa pastilla con el Renault 7 tiramos para la ciudad de los molletes (los de pan, no los otros), hacemos la preinscripción, empezamos a buscar residencia.

Virgen, que follón, que caro todo. ¿Vamos a poder pagarlo? Bueno, Fran, ya se hará lo que se pueda. Además, tendrás la beca. Bueno, vale. Siguiente corte: Magisterio en Málaga, me quedo cerca en Comunicación Audiovisual y fuera, lejos, en las demás. Mecagoentóloquezemenea. Fuera Antequera. Anulación de preinscripción y a preparar el papeleo en Málaga. Todo resuelto. Cuando me matriculo y ya pasabo un kilo de tó me entero de que podría haber entrado en alguna de las opciones de periodismo, pero me quedo con lo puesto, mi carrerita de maestro de Educación Física, que casi siempre me gustó. Y eso, yastá. Al final hice mi carrerita en 3 años, con algunos apuros, sobre todo en las manualidades, dibujo y matemáticas (llegué a 3º con las mates de 1º pendientes), pero bueno. Lo peor fue que las prácticas en el cole de mi pueblo me quitaron las ganas de dedicarme a la enseñanza. Asimismo, antes de acabar la carrera me ofrecieron el trabajo que tengo en la actualidad, así que no me lo pensé. Ahora no me quejo, aunque a veces pienso que me gustaría enseñar un poquito a las generaciones futuras (que no a las Nuevas Generaciones).

A todo esto, ¿a qué venía todo esto?

Un saludo