Ayer, navegando, me encontré con una sirena. Hablando acerca de las Islas Cies, en la costa gallega, salió el tema de viajar a distintas islas. Yo le comenté que tan sólo una vez he estado en una isla. Fue en 1998. Fue en las islas británicas. Pasé una semana en Londres en "el Agu" y "el vampiro", hermano del Agu. Lo de vampiro es por lo de vivir de noche y dormir de día. La sirena también ha estado una vez en Londres. En 1998. Como yo. En abril. Como yo. Ella una semana antes, me cachis.

Nosotros nos dirigimos a Britania para apoyar a Agustín en su participación en el Marató de Londres, además de para hacer turismo y pasarlo bien.

Nos íbamos a alojar en casa de la tía abuela de una amiga de los tres. En el sur de The City, a unos 30 kilómetros más o menos.

Llegamos al aeropuesto de Jizrou. Mu guay. Teníamos previamente alquilado un coche. Se trataba de un Nissan Micra. Por supuesto, ofcorz, con el volante a a la derecha, guiz de güil in de rait. Mare mía, esto no te lo enseñan en el auto escuela. Teníamos un plano para ir a nuestro alojamiento, pero antes había que llevar a Agustín a Londres, al hotel que su representante le había buscado junto con los atletas de élite (aquí no estoy de coña, einn). Estaba situado junto a De tagüer brich, un puente muy bonito, uno de los símbolos de London. Empezamos a dar vueltas. Acabábamos siempre en el mismo sitio. Preguntábamos, y no había maneras de dar con nuestro punto de llegada. Se hizo de noche. Desesperación. Conclusión del Vampiro: Agu, te quedas en la casa y mañana te llevamos. Craso error. El pobre tendría que haberse quedado en el hotel, descansar bien, comer bien, o comer al menos, para poder dedicar todo el sábado a descansar para la carrera del domingo. Venga, a la casa. Damos tropecientas vueltas, pero llegamos, anda que no, siempre se llega. Todos los caminos conducen a Roma, ¿no? Sí.

La casa, una pequeña edificación de dos plantas con jardín, estaba ubicada en una especie de urbanización muy tranquilita. Llevábamos la llave y demás. Ok. Nosotros teníamos que ir a la planta alta, pues debajo vivía una señora mayor que, en teoría, no daría problemas.

Al salir del Micra, que dejamos bien aparcado, vimos como alguien de la casa de enfrente miraba por la ventana. Normal, en esta casa hace tiempo que no vive nadie. Y tanto tiempo, joder. Nos costó abrir la puerta de aluminio una barbaridad, sobre todo por los miles de cartas que había tras ella. Virgen santa. Entramos como podemos, echamos las cartas a un lado y subimos. Echamos un vistazo para repartir las habitaciones. Como Agu tiene que correr que duerma solito. A mí me toca con el Vampiro. La suciedad era el único huésped hasta entonces en aquella morada, pero bueno, una manita suave de limpieza y santas pascuas. Total, ahí sólo estaremos para dormir, porque ni siquiera comeríamos allí.

Nos disponemos a bajar hasta el coche para subir las maletas y demás. Hostia puta (lo siento, no se cómo se dice en inglés: hostius bitch?). Aquello parecía una redada contra el cartel de Medellín. Había allí más policías que en una manifestación de la Iglesia Católica contra el cantro gregoriano tuneado por DJ Paquitus. Me acojoné. Llamé al vampiro. No dije ni una palabra (acordaos, hermanos y hermanas: "tiene Vd. derecho a guardar silencio, cualquier cosa que dice puede ser utilizada en su contra). A esto que El polís me pregunta, que quiés somos. Claro, no le iba a mentir: güi ar espani. Ai am Jesús Francisco Aguilera Moreno. Nos preguntan que de quién era la casa. Se lo dijimos, contestándole que sólo estaríamos una semana, que no se preocuparan. ¿Qué han venido a hacer Vds. aquí?, me preguntan. Mai fren Agustín is going tu ran the London Maraton, next sandei. Llamo a Agustín, temeroso yo. Por un lado, al verlo podrían pensar: baahhh, este tío encanijao seguro que no es problema. Por otro lado, podrían preguntarse: ¿será este tío tan moreno, medio tiznao, un profugo drogadicto o algo parecido? Que no, tios, que es buena gente.

Ya nos dijeron que los vecinos habían llamado alertados por el movimiento en la casa, que como no estaban acostumbrados, pues claro. Sus muertos. ¿Por qué no vinieron ellos a traer un apel quei (pastel de manzana) en plan guay: "hola españoles, güi ar vecinos. Guercam tu Inglan." No, tenían que llamar al MI-5, no te jode.

Tras el primer susto, nos rejalamos y nos partíamos de risa recordando la escena tipo Misión Impasible, jejejeje.

Ahora toca bañarse, que es tarde y hay que madrugar. Tuvimos que llamar a España para adivinar cómo leches se encendía el calentador. Vamos, un plan.

No me enrrollo más, que luego alguno se queja.

Ya sabéis que a mí me encanta comer. Pues la mejor comida la hicimos en Londres, en un McDonalds. Casi 2000 pelas por cabeza. Claro, no mas guarri burguers. Eso sí, vimos un carrito de esos de perritos cachondos (jot dog) y nos encantó. Aparte de esa excepción gastronómica tipo sibarita, todos los días íbamos al súper: barra de pan, jamón cocío, queso, zumos de frutas y a patear Londres. Para desayunar, cereales con leche. Para cenar, cereales con leche y algo de pan y fruta. Vamos, ni la dieta de la alcachofa.

Viendo el plan de gasto y el presupuesto, el único extra que hicimos fue ir al cine: Fai paun (1300 ptas de entonces) para ver Scream 2. Su puñetera madre. Bueno, venga, vamos a entrar. Primera fila. Ni papa de los diálogos. Quien pillaba algo lo traducía: ssshhhhhhhhhhhhhsssssssssssssssss. Los guiris venga a callarnos. Serán delicaos y pejigueras, pero si no mentero, carajooooooooooooo. Bueno, guardamos silencio. Al salir, nos buscamos un pá, un lugar de esos para tomar copas. Lo pasamos genial. Conocimos a unas chicas de Zimbabwe, estudiantes, guapísimas. Bailamos casi toda la noche con ellas. Las llevamos a su piso. Y ya tá. El Franfri que se vuelva a la casa con dos palmos de narices, tan capullón como siempre. Y mira que era bonita. Zurullo.

Lo que menos me gustó: que el sol entrara a través de las cortinas a las 6 de la mañana. Que estando de vacaciones a las 10 de la noche estuviéramos acostaos. Que allí todo el mundo habla en inglé.

Y para acabar os dejo con la chica que me invitó al cine aquel día. Canta tan bien ...

Se llama Norah Jones

Que tengáis una gran tarde