Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra "borde" tiene las siguientes acepciones:

borde1. (Del fr. bord, y este del franco bord, lado de la nave).
1. m. Extremo u orilla de algo.
2. m. En una vasija, orilla o labio que tiene alrededor de la boca.
3. m. bordo (ǁ costado de la nave).
a ~.
1. loc. adv. A pique o cerca de suceder algo.
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borde2.
(Cf. cat. bord y lat. tardío bŭrdus, bastardo; cf. burdel).
1. adj. Dicho de un hijo o de una hija: Nacido fuera de matrimonio. U. t. c. s.
2. adj. coloq. Esquinado, impertinente, antipático. U. t. c. s.
3. adj. Bot. Dicho de una planta: No injertada ni cultivada.
4. m. ant. Vástago de la vid, que no nace de la yema.

Esto viene a cuento en relación con que en el mundo hay gente que cumple a la perfección el punto 2 de la segunda acepción de borde. Vamos, que son bordes del carajo.

El problema se acrecienta cuando te encuentras a ese tipo de personas en tu vida cotidiana, lease la jornada laboral. Vamos, tener a una compañera (podría haber escrito compañero/a o compañer@ para no herir susceptibilidades, pero como estoy hablando de una mujer, pues lo pongo con -a) así de borde te supera. Casi no hay alma que lo resista. Yo no suelo persignarme muy a menudo, pero cada vez que tengo que acudir a su oficina lo hago. Ya le puedes llevar los expedientes con la bendición papal, ya la puedes saludar con tu mejor sonrisa, ya puede hacer sol, estar diluviando, tronar el terral. No hay manera. Yo, que no soy de discutir, me callo, espero a que vuelva a la calma, cojo mis papeles, o el dinero, o la carta de pago, o el aval, o un puñetero sobre y me doy la vuelta. Vamos, llévale la contraria. Muchos piensan que lo que necesita son cuatro polvos bien echaos y p´lante. Esa es una apreciación sexista y machista, así que no la suscribo, pero la pienso a veces, pues la conozco desde pequeñito y puedo dar fe de muchas cosas.

Ahora que digo lo de pequeñito. Esa compañera, cuando yo tenía 8-10 años, era la responsable de la biblioteca municipal. Yo iba a menudo. Bien. Pues un día vino a la casa de mi abuela Juana a reclamarme un libro que tenía que haber devuelto hacía no se cuánto tiempo. Vamos, que se me cortó el bocadillo de mortadela con aceitunas.

Cuando le digo a algún contribuyente que tiene que subir a hablar con ella, suspiran, se les cae el alma al suelo. Vamos, que la conocen. Preguntadle, preguntadle al pillo de Juan (no es que Juan tenga un pillo, que la preposición colocada delante de su nombre así lo puede indicar).

Jamás he discutido con ella, pero no me han faltado ganas. Yo zoi azín, ¿qué le voy a hacer?

Ozú qué caló jaze (Zarem, contención, contención, no vaya a subir más el mercurio).

Feliz día

P.S. He puesto ese vídeo de Dido para volver a la calma.