Te dejo entrar. No han hecho falta súplicas, ni ruegos, ni ojos tristes.

Surcas mi piel. Acaricias mi oído, llenas mi corazón.

Te siento, adentro. Muy adentro. Me acurruco. Me das calorcito.

Me acurrucas, me envuelves con tu piel. Mi piel se vuelve a sentir viva, en este mundo.

Correteas por mis poros, no esquivas ninguno. De aquí para allá, no paras, no paramos.

Me inundas con minúsculas gotitas. Me estremece tanto frescor.

Percibo la brisa, que no consigue apaciguar tanto calor.

Saboreo la pulpa de tus sentidos, el corazón de tu ser, la llama de tu océano.

Me dejo hacer. Otra ráfaga me deslumbra el alma, saltan las alarmas.

Te miro, oyes mi mirada. Te susurro, ves mi deseo. Te acaricio, palpas el clamor de las olas que vienen y van. Te atrapo, corres pero aún no vuelas.

Te cubro con mis alas, ¿vuelas conmigo?

Contemplamos el mundo desde las alturas. Que bonito es todo desde acá arriba. ¿Nos quedamos?