Las instantáneas que vais a ver son un simple ejemplo, unas imágenes que, además de con la cámara, he grabado en mi memoria para saborear estos días de vacaciones que están a punto de expirar. No me preocupo, quedan más, aunque a finales de año. La mayoría de las fotos están tomadas en Sevilla, como os podréis imaginar.

Estas vacaciones las hemos pasado en casa, aunque varios días hemos salido para visitar diversos lugares, como Gibraltar, los parques temáticos de Selwo Aventura, Selwo Marina, Teleférico, Sevilla. Se han quedado varios sitios en el tintero, pero el calor y las ganas de descansar lo han motivado.

De todas las visitas me quedo, por supuesto, con Sevilla. Ya dice una canción que Sevilla tiene un coló espesiá, y así es, aunque tengas el cuerpo atrapado entre 45º de temperatura. Sólo me faltó beberme el Guadalquivir. Ese día, tras aparcar, como casi siempre, en el aparcamiento del Teatro Lope de Vega, nos dirigimos a pie hasta el centro histórico, entorno en el que destaca la Catedral de Santa María con su torre, la tan afamada Giralda y su Giraldillo. Tras tomar unas fotos contratamos una visita guiada por el Barrio de Santa Cruz, ya que los Reales Alcázares estaban cerrados al ser lunes. Caminando vamos hasta la Torre del Oro para comenzar la visita. Se presenta la chica y la seguimos hasta una de las puertas de los jardínes frente a la Catedral. Comenzamos a callejear por unas angostas callecitas, hoy llamadas en su conjunto Barrio de Santa Cruz, aunque en sus orígenes conformaban el Barrio Judío o Judería. La chica nos contó algunas historias y leyendas propias de un lugar con tanto pasado a sus espaldas. Lugares con mucho encanto, conventos, casas señoriales, la casa del pintor Murillo, placitas que invitan a sentarte bajo un delicioso naranjo. La visita acaba junto al edificio del gobierno provincial.

Ahora toca comer. Volvemos caminando hasta el coche, en el que tenemos los bocadillos de pollo con tomate y la nevera con bebidas. Comemos y bebemos frente al Teatro y bajo un frondo árbol. Inciso. Para comentar que el entorno de este fabuloso teatro merece un poco de atención por parte de las autoridades, pues lo que antaño eran unos jardines fabulosos, hoy día es un lugar desolado y ansioso por recibir un poco de cariño por parte de la ciudad.

Tras el tentempie, volvemos caminando para regresar hasta la Torre del Oro, donde tenemos que montarnos en un autobús de esos como los londinentes para dar una vuelta por toda Sevilla. Mientras vamos escuchando explicaciones sobre los orígenes y las maravillas sevillanas, el agobio por el calor aumenta, razón por la cual decidimos dejar Isla Mágica para otra ocasión, así que tras llegar al punto de destino y regresar hasta el coche ponemos punto y final a nuestra visita a Sevilla, que le decido a mi amiga y hadita desveladora Marilia, por ayudar a que Sevilla tenga ese color tan especial.

Ahora toca reponer fuerzas y ánimos para enfrentarse de nuevo a la jauría laboral. Ozú, que me pongo malo.