Yo no sabría decir a ciencia cierta cuál es la misión o el objetivo principal de los policías locales, antes llamado municipales. Yo imagino, utilizando un símil cinematográfico, que será servir y proteger. Digo yo, porque cuando les hablas de ciertos temas te suelen salir que si eso es de la Policía Nacional o de la Guardía Civil, o del Ejército del Aire, o de la Infantería de las tropas napoleónicas, de los Bomberos, de la Nasa. En fin, no me quiero enrrollar.

En mi pueblo, hace unos meses, el Ayuntamiento ha aumentado la plantilla de la Policía Local con 50 nuevos agentes aproximadamente. Por supuesto, la mayoría de ellos son jóvenes de menos de treinta y pico años, pues así lo establecen las bases de la convocatoria de las plazas. Bien.

Esta mañana, cuando salía a desayunar, había una pareja de esos policías que iban patrullando por el pueblo en su cochecillo blanco con letras y rayas azules, con sirena y todo, con pito y todo (perdón, con silbato). Pude observar que el acceso a la plaza principal del pueblo, que lleva el nombre de la patrona del mismo, estaba cortado. Seguramente lo estará para ir organizando los preparativos de nuestra feria, que comienza el próximo día 7 y acaba el también próximo día 11 de septiembre (coño, el 11-S). A la par, estaba el pechuga (un vecino del pueblo que trabaja lo mismo de camarero en un bar que conduciendo un coche de caballos. Lo de pechuga no se de dónde le vendrá, pues a su hermana también le dichen "la pechuga". Vamos, un elemento, pero güena gente, menos cuando tiene 20 copas de más) aparcando su coche de caballos en una de las zonas habilitadas al efecto. Bien hasta ahí. Los polis, ambos jovencillos, se percatan de dicha maniobra, paran el coche, dudan entre bajarse y acercarse al pechuga o poner las sirenas y salir a toa hostia para entrullar al coleguilla. Deciden pararse en mitad de la calle, de doble sentido. "Quillo", el pechuga no escucha, está atareado preparando sus aperos de trabajo. "Quilloooooo ...", vuelve a insistir el que estaba al volante. El pechuga a lo suyo. "Ssshhhhhhssssssssss, ¿es que no has visto los conos, que ahí no puedes estar ...". Pechuga: "¿Me puedo poner allí arriba?" Poli: "Yo no se si te puedes poner o no arriba, pero ahí no ...". El pechuga sigue a lo suyo, guarda la lona que cubre el carruaje y le da la vuelta a la plaza para ubicarse donde le corresponda.

A ver, a ver, señor policía. Se aprecia a diez leguas que Vds. sacó un sobresaliente en la asignatura de malos modos y mala educación que le han impartico en la Escuela de Seguridad Pública de Andalucía. Está claro. También parece que ha pasado con suficiencia la materia de Prepotencia y Pedantería. Doy fe. De lo que no estoy seguro es de que Vd. asistiera a las clases impartidas en la asignatura de atención al ciudadano. Sí, sí, un ciudadano es una persona, hombre, mujer, niña o niño, de más o menos edad, que habita en este mundo y que día a día deambula por pueblos y ciudades, por esos campos de dios o por más allá o más para acá. Esas personas a las que Vd. tiene que proteger y servir. Yo, como cuasi funcionario, les tengo que servir pero Vd. también, además de protegerlas. No creo que el menosprecio y la indiferencia sean el camino, la forma y el fondo. No creo. ¿Vd. sí?

Está claro que el policía es uno de los representantes de la administración pública local que están más cerca de los vecinos y residentes en cualquier localidad. Es un poco la cara del Ayuntamiento, el espejo en el que se mira mucha gente, el termómetro que puede servir para calibrar la calidad de los servicios de un ayuntamiento democrático. No me explico por qué, sobre todo los agentes más jóvenes, pasan eso por alto. No se qué piensan qué deben hacer para cumplir con sus obligaciones. ¿Les gustaría más estar todo el día pegando tiros y persiguiendo delincuentes? Afortunadamente, eso es poco habitual por estos lares, así que no estaría mal que hiciésemos un poco más agradable la vida a vuestros propios vecinos, a los que que nos visitan. Por favor, tomen nota de esos errores y traten de ir mejorando día a día, aunque mucho me temo que esa prepotencia irá subiendo según pasan los años. Al menos al principio, para aparentar, podrían hacer el paripé y parecer amables.

Como esa hay miles, pero se quedará aquí. Por ahora

Post Scriptum: ¿Les exigen en la academia ir siempre ataviados con esas gafas que están tan de moda, que cuando les miras no saben si te miran a los ojos o a las tetas?
P.S.2: Recordadme que algún día os hable de nuestro querido becario...