Ayer, casi anoche, bajaba de la sierra con mi amigo y compañero José Miguel (minero45 en el foro). Veníamos de correr un ratillo por Jarapalos, un sitio precioso, rodeado de pinos, con vistas a todo el Valle del Guadalhorce y a la Bahía de Málaga. Casi puedes ver a Julián Muñoz haciendo abdominales con la Yagüe esa.

Mientras subíamos en coche observamos un coche casi en mitad de la carretera de cuya puerta trasera izquierda asomaban dos pies de persona humana, calzados con zapatillas de correr por la montaña (de trail las llaman). Al principio pensé que se podía tratar de un corredor al que le había pasado algo y estaba medio yuyao, pero cuando estaba por decirle que parara pude observar que había otro par de pies, también humanos, en posición contraria a los del supuesto corredor. O sea. Ella arriba y él abajo. Shhhhsssssss. Seguimos camino, comentando la jugada.

Hacemos nuestro rodajito en plan fresquito, pues eran las 20.30 de la tarde, comentando nuestras próximas carreras, su debut en maratón en Sevilla, etc. Al acabar, nos cambiamos y volvemos en el coche. Vemos a la derecha a otra parejita haciéndose arrumacos fuera de su coche, divisando el Mar Mediterráneo al fondo y Mijas al suroeste. Preciosa estampa. Esta vez no nos llamó la atención.

Ahora bien. Ejem. 100 metros más pabajo había una bicicleta de montaña (montan bai en inglé), un casco de ciclista y alguna otra cosa que no recuerdo. Lo primero que pensé es que había un ciclista por ahí, descansando, o que se había caído. ¿Le habría pasado algo? Cuando busco al sujeto (persona humana), puedo comprobar un culo medio pelao, con los pantalones bajaos, y el tío mirando para el sur, como quien admira las montañas del norte de Marruecos allende el horizonte. ¿Lo primero que pensé? Que al chaval le habría dado un apretón, que tendría gastroenteritis y no lo quedó más remedio que pararse a dar de cuerpo (¿zo qué é?, cagar, coño, cagar). Pues eso, que podría haber estado dando de cuerpo y se estaba limpiando con alguna piedra o alguna hierba autóctona, tipo tomillo, romero, abulaga. Pero no, al fijarme mejor, esa no era la postura en cuestión. A mí me da que al chaval le ponía el Mare Nostrum. O que mientras iba montando en bici algo le hizo cosquillitas en la entrepierna, se le puso durilla la salchichita y no reparó en el lugar en que se puso a dar rienda suelta a su imaginación. No se, igual le ponía el pino que tenía delante. No se.

No comentamos nada al respecto, salvo echar unas sonrisas, a lo que José Miguel me comentó que un día, a un amigo suyo, que había salido a correr, cuando se estaba cambiando de camiseta al acabar, puesto que estaba sudada, le paró una pareja del Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) y le pidió sus datos, alegando que estaba practicando exhibicionismo. Me cachis en tó. A este paso vas a tener que pedir permiso hasta para respirar en plena naturaleza.

Menos mal que a mí no me paró el Seprona hace un par de semana, cuando en Jarapalos tuve que salir petado a buscar un paquete de Kline porque estaba que no aguantaba tanta presión interior. Vamos, que o cagaba o me cagaba. Menos mal que Plum tenía esos Kline que de tamaño apuro me sacaron. Menos mal que no pasaba el Seprona por ahí. Igual se habrían pensado que estaba intentando provocar a las comadrejas, o a las cabras montesas. Vete sú a saber.

Ala, ahora, a tener buen fin de semana. El lunes os cuenta mi correría dominguera, pero advierto que voy sólo en plan de entreno, así que no esperéis gran cosa.