El pasado sábado, cuando me cambié de ropa para ir al cine, y me miré al espejo (que no me gusta), observé la camiseta que llevaba puesta. Era una camiseta con rayas horizontales, con mucho colorido, pero nada llamativa. Me acordé de que esa camiseta la estrené en julio de 1996, cuando asistí a mi Ceremonia de Graduación de la Universidad, con aviso de bomba incluído. Sí, habéis leído bien: julio de 1996. Y no os creáis que la tenía por ahí arrumbada, sin usar, medio perdida. Que va, que va, la uso más de lo que os podéis imaginar.

A raíz de dicho momento de nostalgia, pensé en uno de los pijamas de invierno que suelo usar para dormir (en invierno, no ahora, ehhhhhhhhhhh). Me lo regaló mi madre. El pantalón es verde y la parte de arriba es color crema con dibujos verdes del mismo tono. Mi padre tiene otro exactamente igual, pero con los tonos azules. No tengo ni idea de lo que llevo usando ese pijama, que por otro lado es más cómodo que todas las cosas.

Yo no soy una persona que se preocupe mucho por renovar el vestuario, pero tal vez necesite replantearme ciertas cositas, no se.

Por otro lado, os cuento que la carrerilla de ayer, una media maratón, o sea 21,097 kms., me fue bien. Fue en Motril, un pueblo de la costa granadina. Lo hice a ritmo de entrenamiento, aunque lo pasé regular en algunos momentos, pero la compañía de Minero45 me vino muy bien, así que prueba superada. La próxima media maratón será en Granada, el 22 de octubre. De por medio habrá otras, pero más cortitas. Os doy las gracias por vuestros ánimos y vuestro apoyo, que siempre vienen muy bien.

Un abrazo, buenos días y feliz semana.