Esta mañana, mientras deleitaba a mis papilas gustativas y a mi espíritu con un rico bocadillo de jamón serrano y queso con tomate y aceite, leía por encima algunos artículos del diario de mayor difusión en esta provincia. En su última página siempre hay un artículo de opinión de Manuel Alcántara, poeta y articulista malagueño, que escribe verdades como puños y bellezas como soles. Trataba sobre el creciente número de suicidios en esta nuestra sociedad. A grandes rasgos se preguntaba los motivos que pueden llevar a la gente a anticipar su muerte, a decidir acabar con su vida antes de que, al menos en teoría, le llegue el momento.

Supongo que cada persona que lo hace tendrá sus motivos subjetivos, motivado por innumerables problemas de toda índole. Los que más me mortifican a mí son aquellos que acaban con su vida tras haber liquidado la de su pareja sentimental, ya sea esposa, ya novia, ya pareja, y la de sus descendientes. Quillo, si estás hasta el moño, pégate un tiro, ahórcate, tírate a las vías del AVE, salta desde las Torres KIO, pero deja en paz a tu señora, a tu ex, a tu hijo, a tu hija, a tu abuela la de Cuenca.

Incisos aparte, llama la atención, tal y como dice el Sr. Alcántara, la tendencia que está de moda en Japón, sobre todo en los últimos dos años, de suicidarse previo anuncio en este mundo del internet. Incluso hay multitud de suicidios colectivos. También ellos tendrán sus razones, no lo dudo, como tampoco dudo de que las modas llevan a eso, a alienar al personal de tal manera que son capaces de cualquier cosa, hasta de meterse una manguera de gas por el culete para espicharla. Ya lo decía Agustina de Aragón: "estos japoneses ...". A mí también me asaltan las dudas al pensar por qué personas con una renta per cápita elevada deciden acabar con sus vidas en la plenitud de las mismas, en unos márgenes de edad que van entre los 20 y los 35 años, cuando tienen todo el camino por delante. Sin embargo, en países como Senegal, Mali, Mauritania, la gente no hace uso de su derecho a liquidar sus cuentas con la vida antes de tiempo, a pesar de que muchos de ellos la ponen en la cuerda floja a bordo de cayucos y pateras. Pero eso es otro cantar, tal vez debería de servir de ejemplo a los jovenzuelos del país del Sol Naciente.

Es muy común, también en nuestra sociedad, oir a gente joven, y más o menos joven, decir que están hartos de la vida, de los problemas, de la sociedad. La sociedad tiene muchas grietas, muchos vicios a subsanar, muchos oscuros humos, muchos virus a exterminar. Pero yo me pregunto ... me pregunto tantas cosas que no quiero ni oir las respuestas.