En este mundo hay límites de todo tipo. Muchas veces nos los impone la propia sociedad, las instituciones, las personas, las circunstancias.

Es muy habitual rendirse a las primeras de cambio. O hacerlo tras varios intentos, al llegar a la conclusión de que hemos fracasado. Yo siempre pienso que hay que seguir intentándolo, pero a la vez hay que reconocer cuando no hay remedio, cuando la causa puede estar perdida.

Pero la mente es a veces más fuerte que el cuerpo. Mejor dicho, la mente puede ser el motor, el impulso, la vida del cuerpo.

Al hilo de lo que hablaba el otro día, mucha gente piensa que los corredores de larga distancia estamos medio locos. Ya sea por las bestialidades que se supone que hacemos, ya por madrugar para salir a correr con frio, con lluvia, con calor, con viento. Por eso y por cientos de cosas más.

Hace unos días, a través de los diarios o cuadernos de varios compañeros, como Plum, Hilario o Speedy, tíos geniales donde los haya, encontré un vídeo que me emocionó, que consiguió que las lagrimitas corrieran por mi cara abajo desde mis ojos. Creo que es una muestra palpable de que el hombre es capaz de casi todo, sobre todo cuando de cosas buenas y retos se trata. De veras, merece la pena.

Se lo quiero dedicar a todos aquellas personas que lucha por sí y por los demás.