El pasado domingo, 5 de noviembre, tenía, a la par, una cita y un reto. Una cita con un grupo de compañeros, corredores, para salir a correr por la montaña durante un buen rato. Un reto con una prueba de bastante dureza, que constaba de 33,6 kms de recorrido por montaña, que se dividía de la siguiente forma: 12 kms de fuerte subida, sobre todo al principio, 3 kms de fuerte bajada, 3 kms de bajada suave y llano, 3 kms de subida imponente, más apta para las cabras que para corredores (como cabras sí que estamos, hay que reconocerlo), 4 kilómetros de bajada suave, 1 km. de llano, 3 kms. de bajada muy empinada y 3 kms de falsos llanos y alguna cuestecita.

El pasado año fue a ver la carrera y a animar a mis compañeros y amigos Plum, Hilario y Riccardo. Les prometí a ellos, y a mí mismo, que este año participaría.

En esta foto me podéis ver a mí junto a mis amigos Sierra, Fidelgon (que acabaría 10º), Hilario, Riccardo y Agualung. Todos esos nombres son sus apodos del foro de carreras populares.

Un poco pasadas las diez se da la salida, participando, aproximadamente, 300 corredores de diferentes lugares de España. Por delante quedaba una buena faena. Yo había quedado con Sierra en acompañarle en todo el trayecto, así que desde un poco después del km. 1 formamos nuestra pareja, que duraría hasta el final.

Los primeros 8 kilómetros se hacen duros porque hay que afrontar pendientes bastante acusadas y en frio, ya que no calenté al ser una carrera muy larga y no iba a salir rápido para nada. En todo el trayecto hay una serie de puestos de avituallamiento, en los que podíamos disfrutar, sobre todo, de agua, refrescos (una especie de fanta de la marcha Furri), dulces y fruta. Paramos en todos los puestos, sin prisas. Además, no era plan de correr con el vaso de plástico, pues tendríamos que tirarlo en medio de tanto verde. Al llegar al km. 12, tercer puesto de avituallamiento, me paro un poquito porque sentía una rozadura en el pie izquierdo, síntoma de que aparecería una ampolla. Me coloco bien el calcetín y a bajar casi como cabras, pero con mucho cuidadín. Se podía divisar a nuestra derecha y al frente unas maravillosas vistas de parte del Valle del Guadalhorce. Al llegar a pie de la subida de cabras le pedí a un chaval de la Cruz Roja un poco de vaselina para tratar de aliviar la rozadura de mi pie izquierda. Tenía una pinta regular.

Comenzamos a subir. Buagggg, por aquí no hay quien corra, al ser muy empinado y muy estrecho. A los dos kilómetros comienzo a sentir mareos. O era por la altura, o por ir mirando hacia arriba o porque algo no funcionaba bien en mi cuerpo.

Al culminar el sendero, km. 21, había un avituallamiento en el que engullo, literalmente, una serie de dulces. Parecía que nunca en mi vida había comido. Pruebo las naranjas, el agua, mi gel líquido. Estuvimos parados varios minutos. Ahora tocaba bajar suavemente. Eso no es bueno para la ampolla. Hace fresco. Bajamos a ritmo tranquilo hasta que en una pequeña subida Sierra siente un tirón en los isquiotibiales, los músculos de la parte posterior del muslo. Le ayudo a subir la pierna a una tabla y estiramos para tratar de aliviar. Lo pusieron reflex o algo parecido, orinamos para evacuar tanto líquido que vamos ingiriendo y a seguir bajando. Así hasta el km. 30, en el que un chico de Protección Civil me da la alegría de decirme que quedan 2,5 kms en lugar de 5. Que suspiro, mi madre. Seguimos tranquilito hasta que una suave cuesta se convierte en el Everest y Sierra me dice que tire para adelante. Le hago caso y me fui, pero más rápido de lo que debería, pagándolo casi al final. Se me hizo largo. Oir el murmullo de la gente de meta por de entre los pinos me motiva, la meta debe de estar cerca.

En esta imagen estoy a 30 metros de la llegada, recibiendo el aplauso y el calor del público. Nada más llegar te ponen una toalla y te agasajan con dulces, bebidas isotónicas, camisetas, regalos.

Al poco llega Sierra y algo más adelante lo hace Hilario. Riccardo se había retirado, Fidelgón hacía más de una hora que llegó y Aqualung casi media hora antes que nosotros.

Siguiendo los cánones de la nutrición deportiva, nos hidratamos con las correspondientes cervecitas y con comida rica en grasa, sobre todo para recuperar las calorías perdidas, que con ese fresquito era lo más recomendable.

Una gozada de carrera, aunque dura. El paisaje, que pasa muy cerca de mi casa, fabuloso. La compañía, ideal. Habrá que repetir, ¿no?

Por cierto, fue un total de 3h58´ de esfuerzo ininterrumpido.