Ayer, después de algo más de un mes, por fin volví a sentirme bien, o relativamente bien, durante un entrenamiento. Y eso sin contar lo bien que estaba después, pensando en el entreno en sí. La última vez que acabé satisfecho de una salida correril fue a principios de diciembre, durante el puente. Después de eso me lesioné. Quisiera aclarar que yo siempre estoy satisfecho de mis entrenos por el sólo motivo de poder haber entrenado. Me refiero a un grado de satisfacción que viene de calibrar la forma en que he entrenado, la relación velocidad/sensaciones subjetivas y objetivas reflejadas en mi cuerpo, en mis músculos, pulmones, corazón, mente.

El entrenamiento lo hice, como vengo haciendo durante estos días en Roquetas de Mar, Almería, junto al mar, una parte por paseo marítimo y otra por una zona de tierra que lleva hasta Aguadulce, pero siempre con el Mare Nostrum a izquierda o derecha, oliéndolo, sintiéndolo, escuchando sus suaves caricias a la orilla de la playa.

El entrenamiento previsto era el siguiente: 20´ Cc + 4 * (2´30´´ + 1´ rápidos) intercalando 1´30´´ Cc + 1 km. vivo + 15´ Cc.

Ese entrenamiento se denomina fartlek. Dicha palabra es de origen sueco y viene a significar algo así como juego de carreras. Consiste en correr durante un tiempo o distancia predeterminadas variando la intensidad de la carrera. Así el entrenamiento se hace más ameno y se va alternando la velocidad, consiguiendo una mejora de la resistencia aeróbica y la potencia cíclica. Es una forma de ir haciendo entrenamientos rapidillos sin forzar mucho el cuerpo.

Al acabar el fartlek se me hizo de noche, pero aún me quedaba ese kilómetro rapidillo, que haría en una carretera flanqueada por invernaderos típicos de por aquí, que la tengo más o menos medida. Debía ir desde una señal de tráfico, indicadora de curva peligrosa a la derecha hasta una arqueta de telefónica situada a la entrada de una nueva zona urbanizada, en la misma acera. Pensaba que me saldría en torno a 4´20´´. Iba con mi mp3. Me sentía genial, iba como una moto. Casi no veo la arqueta, entre el sudor en mis ojos y la oscuridad, subirme a la acera y demás. Ahí está. Paro el crono. Cuando lo vi, éste marcaba 3´55´´ y mi pulso me decía que mi corazón había bombeado sangre a razón de 160 latidos por minuto. Genial. Me puse la mar de contento, pues la pasada semana, por ejemplo, corriendo más lento mi corazón estaba casi 10 pulsaciones más arriba por minuto. Vamos por el buen camino, menos mal.

Y de ahí, para casita a ritmo suave, tratando de recuperar y favoreciendo una correcta vuelta a la calma.

Ahora que he dicho lo del mp3. Estas navidades Papá Noel me regaló un aparatito de estos. Ya lo había usado en varias ocasiones, pero nunca me acordaba de llevármelo para correr. Ayer lo hice. Al principio todo eran incomodiades, cables por aquí y por allá, el pinganillo que se me sale de la oreja, la bolsita se me mueve del brazo. Un desastre. Más de uno y de una sabéis que las nuevas tecnologías y yo no nos llevamos bien, pero trataba de superarlo. Gracias a la música, a la melodía de mis canciones favoritas, el entrenamiento se me hizo más ameno, más llevadero, más divertido. Igual era porque con la música no oía mi respiración subida de tono, no se. Lo cierto es que me gustó, así que repetiré. La música que llevaba era variada, habiendo puesto aquí muchas de esas canciones.

Hoy trataré de entrenar con un amigo y compañero del foro, Barrilete, así que a ver si lo localizo por ahí.

Un abrazo

P.D. Merak, las zapatillas del otro días son las DS-Flash. Las Racer son demasiado ligeras para un tio como yo. Pero me encantan. Cuando baje 7-8 kilos me las pillo. jejejeje