Ayer estuve a punto de cagarla, de liarla, que lo primero me parecía demasiado literal.

Estando en el trabajo por la mañana me entraron ganas de ir al baño, así, en plan apretón. Yo no tengo problemas para evacuar en cualquier sitio, soy un chico fácil en ese aspecto, así que al baño que me dirigí.

Sin pensarlo, me metí en la primera de las tres puertas, me siento sobre el agujero del inodoro y allá que hice mis cositas. De repente, miro hacia arriba (hacia un gancho tipo perchero que hay donde suelen dejar el papel higiénico) y nada, miro hacia atrás (sobre la cisterna del báter) y tampoco. Me quedé medio petrificado. ¿Y ahora qué? ¿Con qué me limpio?

En otro de los w.c había alguien, pues oí la puerta, así que no era plan de salir con los pantalones y los calzoncillos por los tobillos, el culo fuera, que podría ser divisado nada más abrir la puerta desde el pasillo. Así que no me quedó otra que esperar a que saliese mi vecino de habitáculo, subirme los pantalones con cuidaíto y buscar papel en alguno de los otros dos w.c. Menos mal que en el primero de ellos había papel y pude socorrerme. Vaya plan me habría esperado toda la mañana de no hallar el socorrido papelito

¿En qué categoría podría guardar esta entrada? Mejor ni pensarlo, aunque si las uno a algunos episodios acaecidos durante algunos de mi entrenamientos la categoría escatológica se iba a quedar corta, bien corta. Mejor lo dejo ahí.

Ahora voy a ver si encuentro alguna receta, que el domingo tenemos fiestuki de cumpleaños en casa. Seremos alrededor de 18 personas. Ya os contaré.

Un abrazo