Pues sí, sí, estos personajes de aquí debajo tienen la culpa de que me haya pasado un par de días con las agujetas de la muerte, esas que son como las cagaleras de la muerte, pero en las piernas. Mehpliko.

El pasado sábado quedamos para salir a pasear-correr-caminar-saltar como cabrillas- Hilario, Quintiliano, que venía con su esposa Mari Carmen y un servidor. La foto está tomada junto a la Plaza de Toros de Benalmádena y el Polideportivo. Eran las 8.30 de una mañana en la que el plan era subir hasta el repetidor de Mijas por unos senderos que Jaime conocía y que yo intuía.

Tras los saludos de rigor y las preguntas cuya respuestas siempre suelen ser: qué va, si estoy fatal, si no entreno, si me duele esto, me molesta lo otro, que voy a correr allí, que estoy preparando no se qué prueba. De preparar mejor ni hablo, que Jaime está preparando el ultra maraton del Mont Blanc y a mí, de sólo pensarlo, se me ponen los pocos pelos que tengo de punta. A lo que iba. Partimos del lugar señalado dirección a Benalmádena Pueblo. La primera parte, en subida y por asfalto, la hicimos caminando hasta llegar al pueblo, desde donde comenzamos a correr hasta llegar a un pequeño túnel bajo la Autovía A-7 o Autovía del Mediterráneo. En estos momentos estamos sobre Benalmádena, balcón perfecto para disfrutar del Mare Nostrum y de la estupa budista que han construido para todos aquell@s seguidores del Dalai Lama y sus enseñanzas.

Tras unas ligeras dudas, hallamos el camino deseado y partimos en busca de la mina de la trinidad, un lugar del que se ha extraído ocre hasta no hace mucho tiempo. Hasta llegar aquí el camino es bastante empinado y deslizante, con muchas piedras y arena. Lo mejor, la vista al fondo con Fuengirola y su mar azul. También podéis ver a Hilario a punto de culminar, bien sonriente el tio.

Aquí se puede ver la ruta a seguir, que más adelante te ofrece varias opciones en función de tus posibilidades e intenciones. Nosotros cogimos una que me hizo dudar que fuera la acertada, pues por un momento parecíamos cuatro cabrillas bajando rocas y piedras, sin sendero, sin camino, pero se veía allá abajo la loma a la que queríamos llegar, ya en término municipal de Mijas.

En el centro la sorpredente Mari Carmen, quien decía que ella no corría, que no esto, que no lo otro, pero cualquiera la paraba más adelante. Sin duda, una promesa de futuro, así que el Quintiliano ya se puede ir atando los machos, que lo va a pulir bien pronto. Aquí acabábamos de salir de la prueba, que se puede explorar hasta el final, pero no era el día. Otra vez será. Tal vez.

¿Los Tres Mosqueteros? Bueno, al menos se intentaba.

Aquí podéis ver los restos de mineral extraídos de la roca. Llamaba mucho la atención por su color tan amarillento en mitad de tanto verde. Me traje un pedacito para casa. El del fondo no es una cabra, es Jaime.

A partir de aquí se me acabó la batería de la cámara, así que la guardé y a no perder comba, que me dejan tirados. Tras llegar al sendero que antes os comenté, ya en Mijas, comenzamos a subir hasta el Cerro del Moro, un lugar a cerca de 1000 metros de altitud en el que han ubicado decenas de antenas de televisión y radio a modo de repetidor. La subida es dura al principio, más suave al final, pero siempre con unas vistas impresionantes. Se ve hasta mi casa. La pena era que no nos fue posible divisar el Estrecho de Gibraltar ni las Columnas de Hércules y los montes marroquíes, pero es algo habitual.

Al llegar arriba localizamos la continuación del sendero y lo bajamos corriendo, marchando yo en cabeza. Hicimos alguna paradita técnica (ya sabéis, para mear y esas cosas) y para beber. Así, hasta llegar al punto de partido. Fueron alrededor de tres horas, más de caminata que de carrera, pero bien agradecidas, sobre todo por la compañía, bien placentera, por lo que ya hemos apalabrado más de una salida de mayor calado. Veremos.

Esa tarde estaba molido, y resulta que en el Spa tuve 5 tratamientos en 3h30´, así que por la noche era poco más que un despojillo humano. Y el domingo, día de elecciones, a las 6 de la mañana en pie, que tocaba currar para preservar la democracia de los comicios, pero eso será otro tema a tratar.

Hoy es martes, pues todavía bajo las escaleras y camino como si me hubiera pasado toda la noche retozando con Rocco Sifredi.