Lo del dicho que da título a esta entrada es verdad, al menos la mayoría de las veces.

Hace unos días os contaba sobre una salida por la montaña en la que me junté con otras tres cabrillas y echamos 3 horas de subir y bajar montañas. Pues el pasado viernes me enviaron un mensaje para repetirla, pero por otra ruta, más transitable, más de poder ir corriendo. El objetivo era ir hasta la bola. Leches. Me explico. No quiero decir que teníamos que ir hasta la bola de alcohol, o de maría, o de lo que sea, no. Se trataba de llegar corriendo hasta la bola que hay en la cima de la Sierra de Mijas. Es una sonda meteorológica o algo así. Lo podéis ver en la foto. Yo contesté que no, ya que me habían buscado otro plan familiar, así que lo sentía. Sin embargo, me pasé parte de la noche pensando en cómo organizarme para escaparme al monte y poder regresar pronto a casa sin tardar demasiado.

Como el recorrido pasa a 3 kms. de casa y habían quedado a las 8.30 (mira que madrugar un domingo para ir a correr, es que están más piraos ...) salí de casa a las 8 menos algo y dejé el coche en la antigua cantera, me cambié y a las 8 comencé a correr. Era cuesta arriba y me costaba, pues iba recién desayunao (no se me ha olvidao poner la d) y tenía el zangüi y el café en la boca casi. Hace un día magnífico. Voy en manga larga al ser temprano, pero me tengo que ir remangando. Me está gustando lo de salir a correr así, sin obligaciones, así me puedo parar, ver el paisaje, tomar una foto, bebe un sorbito de agua en la fuente de Jarapalos, que supone un oasis en mitad de ninguna parte. Menos mal que hay árboles.

Al poco de beber agua sigo bajando, dudando de si me iba a encontrar a Quintiliano, Mari Carmen, Hilario, tal vez Sierra, tal vez Riccardo. Si no los veía, por haber optado por otra ruta, al llegar al tiro pichón de Jarapalos me volvería subiendo, yo solito. En pocos metros me da un apretón y tengo que hacer una parada técnica al filo del precipicio. Menos mal que llevaba pañuelos de papel ... A la vuelta estaban las amigas moscas tomando el desayuno del domingo ...

Me encuentro algunos ciclistas, algunos caminantes con perros, y cuando estoy a punto de llegar abajo veo a estos 4 personajes, a quienes os presento. En primero plano, con camiseta azul (del maratón de Roma), Riccardo, a quien no veía desde noviembre pasado. Fue en la carrera de Jarapalos, en la que acabó en el coche de protección civil en malas condiciones. Me alegro de que se haya recuperado. Con gorra roja y tirando del carro está Mari Carmen, quien decía que si era por ella que tiráramos, que no fuésemos lentos. Ya le vale, pues ella iba mejor que nosotros. Detrás, con camiseta y pantalón naranjas (de la bolsa del corredor del Maratón de Sevilla 2007) tenemos a Quintiliano, o esposo de Maricarmen, un corredor duro e infatigable a quien conocí este año en Sevilla. Con camiseta y gorra blancas viene Hilario, en la retaguardia, otro corredor de armas tomar, para quien no parece haber techo ni prueba que se le resita.

Ahora podéis ver lo que puede significar una fuente de agua fresquita en el itinerario de un deportista de fondo. Menos mal que le avisé de que se bebía por ahí y no por abajo, por el rebosadero. Estos letrados ...

Tras parar un momentito seguimos corriendo para subir uno de los últimos tramos duros de la jornada, el que nos lleva hasta El pino. Lo pongo en mayúsculas porque para la gente que merodea por estos lares es tan popular como para un londinense decir De Tagüer Brich. Ahí, en el pino, acabaría mi carrerita con el grupo, pues bajaría hasta mi coche y ellos todavía tienen una gran parte del recorrido por disfrutar. Junto al pino esperamos a Jaime mientras charlamos y tomamos unas instantáneas.

... aahhhh, y también tomaron ellos unas ciruelas. Yo no las probé, pues tras la cagachina de hace un rato no era plan de acentuarla ... Al fondo de la foto de arriba podéis ver el tronco del Pino.

Ahí er Franfri con la familia Quintiliana.

... y hablando de cabrillas, vaya pingo que se marcón Hilario al llegar a nuestro punto. ¿Se habrá equivocado de modalidad deportiva? Todo se andará.

Antes de que se enfriaran más, siguieron su camino, ellos a la derecha y yo a la izquierda, que me quedaban algo más de 500 metros cuesta abajo.

De nuevo ha sido un placer compartir un ratito tan agradable con gente tan maja y simpática. Desde luego que es una buena forma de comenzar un domingo, y en un marco tan especial como ese.

El próximo fin de semana El Quinti e Hilario se van a correr los 100 kms de Madrid. Están chalaos. Estop. Tienen 24 horas para acabarlo. No hay problema para ellos. Después de haber hecho Ronda, eso es moco de pavo. Espero que les vaya bien, ya nos contará Hilario en su Diario.

Por cierto, ¿los pavos usan klinex?

Bajo con el coche, compro la bombona, duchita y nos vamos para Frigiliana y Nerja, dos pueblos que hay que conocer y disfrutar.

Un saludo y feliz semana