Dicen que la enfermedad nacional, la de este país, la de España (joer, me da rabia especificar tanto, pero visto el estado de la cosa en este país, en España, no quiero que nadie se quede con la duda), es la envidia. Yo creo que eso pasará en muchos otros países, pero la verdad es que en éste el nuestro es algo de común percepción.

Ayer tenía tres tratamientos que hacer en el Spa que me iban a tener ocupado toda la tarde. El primero de ellos fue una tratamiento integral de la espalda a una chica que incluye limpieza, exfoliación, tonificación, mascarilla para la piel, masaje de piernas, masaje de espalda y demás.

Luego me toca un maromo para hacerle un masaje deportivo y un Manao (tratamiento facial tailandés para hombre). La hostia, el tío medía alrededor de dos metros. Os podéis imaginar la paliza que me pegué para hacerle el masaje. Yo sudaba como los pollos de feria esos. Al hacerle el facial, con las mariconaditas esas de estar limpiando la cara, exfoliando y demás, el tío se quedó tronchao, roncando. Y yo allí, reventao, pensando en tirarlo de la camilla para imitar sus ronquidos. Que envidia, por dios.

La verdad es que me está gustando eso de hacer esas mariconadillas en la cara, se hace entretenido y, por lo menos, puedo estar sentado y hacerlo despacito, tranquilito. Espero que los metrosexuales no se me enojen por la expresión, lo hago con todo el cariño, que conste. Sin acritud.

Por ahora, esta tarde sólo tengo un masaje reflexológico de pies, así que voy para allá tranquilito, a ver qué sale después.

Por cierto, me van a prorrogar el contrato, así que estaré unos mesecitos más manoseando al personal. Qué envia, por dios.