Otra vez, no lo puedo evitar.

Cuando veo mis dedos surcando tu desierto de dunas, acariciando tus oasis, percibiendo tus manantiales de fresca agua o de hirvientes chorros.

Cuando a veces me parece confundir mis obligaciones con mis fantasías.

Cuando va más rápida mi imaginación, más rápidos van mis ojillos, cuasi desorbitados, que mi memoria para seguir paso a paso el protocolo.

Cuando mi cuerpo se refrigera a través de los poros en forma de sudor incontenible.

Cuando me parece estar acariciando unos preciosos melocotones en lugar de una conjunto de músculos, huesos y piel.

Cuando miro esa boquita tan cercana a mis dedos y me parece tener a tiro de piedra a la manzana del pecado original...

... creo que no me queda más remedio que buscar la piscina de agua fría para volver a la realidad.