Desde luego que solemos decir que en este mundo tiene que haber gente para todo. Y es verdad.

En alguna ocasión os conté (creo) que en el spa la gente puede pedir que el tratamiento se lo haga un chicoo una chica (somos dos y dos). Y suelen pedirlo, sobre todo hombres que piden que sean una chica, pero también mujeres que quieren que sea una mujer la que les ponga la mano encima, sobre todo por pudor y demás).

Sin embargo, tenemos dos o tres ejemplares, tipo ave, pájaros para ser más explícito, que sulen pedir que sea una chica, y especifican cuál de las chicas. En un rato vendrá un cliente habitual que siemprepide que los masajes o tratamientos se los haga la misma compañera, la más guapa de las dos. Resulta que el tio siempre se queda en bolingas bajo la toalla e intenta levantar una u otra pierna para que mi compi le vea la pirula, empalmada (erecta para eruditos) casi siempre, y ya está. No pasa nada más, por supuesto, porque si así fuera ya le habríamos dado para el pelo. Pues resulta que este cliente reservó ayer su masaje para hoy con mi compi, pero también reservó un masaje especial para espalda que hacemos (es más bien estético que otra cosa) para su mujer y su hija. Lo más curioso es que cuando reserva para su familia, siempre en un momento distinto que él, también solicita que a sus mujercitas las toque una chica. Claro, pensará que los chicos estamos igual de salidos que él.

Yo no se qué buscará. Supongo que excitarse, pero para eso hay lugares más adecuados que un spa, y no me refiero sólo a casas en las que pagas a una mujer para hacer tal o cual cosa. Me refiero a masajes eróticos que no pasan de ahí. Incluso le saldrían más baratos.

Yo tan sólo tengo una admiradora de ese tipo, pero con la salvedad de que ella viene en plan serio, no se insinúa ni nada, hasta ahí podíamos llegar. Se da la circunstancia de que ella es la mujer del Consejero Delegado del Complejo, elegido uno de los mejores resorts de toda Europa. Ella siempre pide que le haga yo los masajes, sobre todo de espalda y relajantes en todo el cuerpo. Si me hace el salto del tigre alguna vez, os lo contaré.

Un día de estos me tenía que tocar con el cliente de esta tarde, le iba a sacar la contractura por el pecho. Mecagoentó.

Esta tarde, por ahora, no hay trabajo. Como sea así, me aburriré como una ostra en mitad del desierto del Gobi ...