Veo tus ojos y no se si me perderé en su profundidad o si sentirme culpable.

Desde que decides mirar al horizonte y decides aventurarte en busca de la estrella de la felicidad, esa que crees que tiene más brillo que la que te alumbra día y noche, te inunda la idea de que tras el mar otra puerta, la puerta, se te abrirá de par en par.

Intentas dejar atrás el desierto y te sumerges en el desierto de la desesperanza, del miedo, de la inseguridad, de la angustia. No estás sola, la penumbra asola a otros y otras como tú. Su sombra no acaba con su perfil; su sombra te acompañará de forma permanente hasta que otra estrella se vuelva a cruzar en tu camino, la buena estrella podríamos decir.

No sabría decir si tus ojos parecen tristes o perdidos, pero sí que al mirarlos los míos, irremediablemente, se inundan en un mar de lágrimas; lágrimas que levantan un duro oleaje en mi corazón, en mi conciencia. Pienso, reflexiono, imagino, sueño, despierto. ¿Tiene remedio? Sí, por supuesto. Todos creemos que no podemos hacer nada, pero todos podemos hacer algo, debemos hacerlo, mover ficha, dar un paso adelante, gritar, rebelarnos. Siempre hay algún pañuelo para secar las lágrimas, por lo que todos podemos ayudar a paliarlas.

Te brillan los ojos, me sumerjo en ellos. Me pierdo, no me reconozco. Me conmuevo, pero no me muevo. Me remuerde la conciencia, me muerde la sangre en el corazón, me escuece.

¿Y a tí? ¿Qué te ocurre a tí? Decides tirarte al pozo de la oscuridad pensando que allá, en el fondo, está la luz, la solución a tu angustia, la respuesta a tus cuestiones, el camino hacia tu meta. Como en toda carrera unos llegan y muchos se quedan en el camino. ¿Es justo? ¿Es injusto? ¿Es justa o injusta la vida? Ella no tiene la culpa, ella se limita a vernos pasar, a darnos y a quitarnos los pasaportes para la siguiente etapa.

Quisiera tender mis brazos para que el mar no se convirtiera en vuestro particular agujero negro. Quisiera que hubiera más puentes que nos unan en lugar de tantas voces que nos separan. Quisiera ser esa estrella para guiaros por un mejor camino y no por el sendero que conduce al final de túnel, que no tiene salida, sino una guillotina que pende sobre vuestras cabezas.

Quisiera tantas cosas que de tanto querer voy a parecer quien nadie quiere ser.

Quisiera cerrar los ojos, dormirme, abrirlos y darme cuenta de que todo ha sido un sueño y la vida es diferente. Pero no ha sido un sueño, es una pesadilla tan real como la mirada que anoche me mostraste, como el llanto que recorría tu interior y se ha propagado por el mundo. Quisiera que ese llanto acallara las hipócritas voces que se empeñan en vivir una mejor vida a costa de convertir las vuestras en una muerte en vida.

Quisiera gritar, pero no serviría. Debería dar un paso adelante, ese paso adelante que tan necesario es y que tanto ayudaría si nos sincronizamos todos y todas.

Ojalá. Ojalá. Amen.