En esta vida pasamos por etapas contínuamente. Es una práctica muy común hacer una especie de autoevaluación cuando se está en el umbral que nos lleva de una etapa a otra. Se mira hacia atrás, también hacia adelante. Se valora, se examina, se juzga, se recuerda, se revive, se sacan conclusiones que queremos extrapolar hacia la siguiente etapa para ver qué camino seguir, o continuar en el mismo, o dar un giro de timón brusco para tratar de ir en busca de todo aquello que anhelamos.

Una de esas etapas acontece cuando se van a cumplir años, como será mi caso en estos días. Hace unos días me viene sobrevolando esa idea. Cada día, cuando trabajo en lo público, voy a desayunar con mi padre, a su tienda. Me llevo mi bocata, mi zumo, y desayuno allí, leyendo el periódico, charlando, o callados ambos, ya que somos muy parecidos en ese aspecto.

Otros días, hago lo mismo, pero en casa de mi madre. Con ella charlo más, es más abierta, más charlatana, más preguntona.

Para mí es una forma de que me sientan cerca, de que me tengan ahí, de que perciban que su Fran no olvida dónde los tiene, y que puede acudir a ellos siempre que quiera y necesite. Yo jamás dudé de eso.

Todo ello me lleva a pensar en lo afortunado que me siento. Me siento una persona con suerte por haber tenido a unos padres que se han preocupado por mi crianza, por mi educación, por mi alimentación, incluso siendo adulto y teniendo pareja. Me siento una persona feliz porque se que ellos me entregan todo su amor y su cariño a cada instante, aunque cada uno a su manera, ya que mi padre es más parco en palabras y demostraciones paterno-filiales, pero yo se que él es así y ya está. A mí me puede pasar algo parecido a él, pero estoy en un intento constante de dar ese cambio de rumbo para demostrar lo que siempre llevo dentro.

Yo creo que ninguno de nosotros cuatro, 3 hermanas y yo, podemos tener queja de lo que ellos nos han aportado, nos han entregado día a día desde el momento en que vinimos a este mundo.

Mi madre, considero, debería ser un poco más "egoísta" y pensar más en ella, más en su felicidad, en su bienestar, y no tanto en el nuestro, pero ella es así, no lo puede evitar, y creo que eso nos ha ayudado a valorar enormemente lo que tenemos. A mí me pueden faltar muchas cosas en mi vida, pero creo poder afirmar que sin mis padres Franfri sería, hoy día, una persona muy diferente, más lejano, más frío, más ... lo que sea.

Desde siempre he sentido que la generosidad se ha paseado a sus anchas entre las paredes que nos han cobijado, y ello nos ha ayudado a tratar de ser mejores personas cada día.

Si a mí me preguntarán qué quiero ser de mayor, yo respondería: quiero ser como mi madre. En estos casi 34 años la he venido observando. Ha cometido muchos errores, como todo ser humano, que yo trataría de corregir y trato de hacerlo, pero siempre ha abierto su corazón de par en par para todas aquellas personas que la rodean. A pesar de eso, lo sigue teniendo tan grande como el primer día. Cogería algunas cositas de mi padre (aunque ya tengo bastantes), pero les aplicaría el fotochó para quitar aquellas impurezas que han perjudicado demasiado su relación matrimonial, sobre todo al ser una persona que no piensa, casi ni una sóla vez, muchas de las cosas que dice, sobre todo siendo cosas que pueden dañar a los demás.

Ahora no es el día del padre ni el de la madre, pero para mí todos los días lo son, así que aprovecho este rinconcito de mi existencia para expresarles todo mi amor, todo mi respeto, todo mi cariño, toda mi admiración, y les felicito por ser cómo son y les doy las gracias por ayudarme a ser cómo soy.

Os quiero, papas ...