En más de una ocasión he comentado en este rinconcito ciertas anécdotas que me han sucedido cuando he dado algún masaje o tratamiento. En estos momentos no tengo ninguna novedad al respecto, pero sí que os voy a comentar algo que me ha llamado la atención. Esta mañana he recibido un correo de una mujer que me pide que vaya a hacerle un masaje relajante. Hasta ahí todo correcto, sin problema, al menos para mí. El correo sigue y me dice que el marido va a estar presente en el masaje, me dice su edad y que ella es atractiva.

Franfri se queda a cuadros. Le contesta pidiendo información sobre las intenciones del marido durante el tratamiento. No eh poh ná, pero yo quiero saber qué va a pintar el maromo mientras yo manoseo (del verbo toquetear con las manos) a su santa y querida esposa. Igual tan sólo quiere vigilar que no manosee donde no debo. Igual quiere aprender cómo hago los masajes para hacérselos él mismo. Igual es porque quiere que le suba la bilirrubina mientras mis manos acarician la piel de su amada (ozú cómo ha zona ezo ...).

Estoy esperando a que me conteste, para ver por dónde van los tiros, que yo tampoco me quiero meter en berenjanales que güelan mal. Ya os contaré, sobre todo si finalmente accedo a ello.

PAZ Y AMOR